3 de octubre de 2006

La Xunta y los CEDROS


Cuando el PSdeG decía en su programa que iba a repoblar con especies autóctonas, yo no me lo creí. Hasta ahora, mi desconfianza había sido justificada. En este rincón no se repuebla más que con pino y eucalipto. Es más, al particular que planta carballos le tildan de loco o bobo.

Pero no, ahora encuentro el sentido a esa promesa electoral: quieren que Galicia sea la tierra del CEDRO. Si, si, como suena, Líbano lo dejó de ser hace tiempo (ya no quedan Cedros en sus montañas, esos que usaban los fenicios en sus naves), pues ahora cogemos nosotros el relevo.

¿De qué hablo? De esta campaña.

En pocas palabras: el adoctrinamiento de los escolares en la mercantilización de la cultura. La Xunta le abre a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) las puertas de las aulas para que inocule el veneno de la santidad de la propiedad intelectual, principio inalienable que protege el negocio de los guardianes de la cultura, el saber y las artes desde Adán y Eva (seguramente la manzana estaba genéticamente modificada y era una variedad protegida bajo patente).

A la sociedad que promueve el préstamo de pago en las bibliotecas, se le da un altavoz para que pueda explicarles a los niños porqué es justo y bueno que sus padres se gasten medio sueldo en unos libros de texto de mierda, que cambiarán cada año para que no puedan servirle a los hermanos pequeños.

Todo ello con la colaboración de los maestros, que eligen los libros según las chucherías que les regalen las editoriales. Maestro es la profesión más indigna después de juez.

Detrás de todo está el interés empresarial por mantener el negocio, ahora que empiezan a ver las orejas del lobo detrás de los modem y los router. El libro es eterno, las ediciones de papel tienen los días contados. Quedarán para coleccionitas, para nostálgicos, fetichistas, o ciertas aplicaciones muy puntuales.

Nuestros bosques lo agradecerán.

Todo se compra, todo se vende, empezando por la honra de su puta madre, que venderían por cuatro ochavos. La cultura se paga. Y si tu padre no tiene dinero para comprarte libros, pues que se quede sin comer o no vengas. Y para estudiar en la Universidad, vete pidiendo un crédito, porque el precio de los libros técnicos es de echarse a temblar.

Y luego la oposiciones, pedazo de mierda de temario que me tengo que comprar porque no encuentro dónde fotocopiarlo, y lo necesito al menos como referencia. Pero es malo con avaricia. Si tuviera que comprarme todos los libros que necesito para estudiar, no bajaba de los 150 talegos. En toda la carrera, ya ni hago la cuenta.

Pero por ahí no paso. Antes me los gasto en cerveza y putas que darle el dinero a esos mercachifles. Tendré que pasarme por el mejor amigo de todo estudiante: LA FOTOCOPIADORA!

Sin embargo, últimamente ya son pocas las que no pagan el canon o mordida por cada fotocopia.

¿Cómo evitar alimentar a los enemigos del libro y de la cultura, a los Cerberos del conocimiento, al Caronte que hay que pagar incluso ese último servicio?

¡Escaneando los textos! En una horita de trabajo, de escaneas un libro normal de 200 páginas que te costaría 25 ouros.

Pero luego...no te olvides compartirlo con los demás. Es legal y es bueno para todos.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Totalmente de acuerdo. Si cada uno que se queja de que los libros de la universidad, por ejemplo, son caros, escaneara el manual de turno del catedrático y lo pusiera en la red, otro gallo nos cantaría.